Álvaro de Albornoz

Álvaro de Albornoz y Liminiana, nació en Luarca el 13 de junio de 1879, y en dicha villa realiza los primeros estudios. En la Universidad de Oviedo obtiene la licenciatura de Derecho, siendo aún muy joven. En sus años de estudiante vive la inquietud republicana en los círculos intelectuales ovetenses, cerca de sus maestros Clarín y Adolfo Álvarez Buylla, conocedor este último del marxismo y creador de un Seminario de Sociología que funcionó en la biblioteca de la Facultad.

Este ambiente primero, y más tarde el formado en Madrid en torno a Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza, le refuerza en sus convicciones ideológicas. Vuelve a Luarca, donde ejerce la abogacía durante más de diez años. Comenzó su militancia en el socialismo y escribió en el periódico del partido en Asturias, La Aurora Social.

Ingresó, en 1909, en el Partido Republicano Radical de Lerroux, que no tardó en abandonar, y en 1929 fundó con Marcelino Domingo el Partido Radical Socialista. Miembro del Comité Revolucionario en 1930, fue diputado en las Cortes Constituyentes de la República, ministro de Fomento y de Justicia durante el bienio republicano-socialista. El fruto de su gestión ministerial fueron las leyes laicas de la República (disolución de la Cía. de Jesús, divorcio, supresión del presupuesto de Culto y Clero, reglamentación de las Ordenes Religiosas, etc.). Fue el primer Presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales.

El 27 de julio de 1936 fue nombrado embajador de la República en París y Jefe del Gobierno republicano en el exilio, de 1945 a 1948. Murió en México el 22 de octubre de 1954. Escribió varias obras de temas políticos y sociales: La Institución, el ahorro y la moralidad de las clases trabajadoras (1900), Individualismo y socialismo (1908), Ideario radical (1913), El Partido republicano... (1918), El temperamento español (1921), La democracia (1925), La libertad (1927), El gobierno de los caudillos militares (1930) La política religiosa de la República (1935), etc. En el exilio publicó, entre otras, Páginas del destierro (1941).