
Existen también restos de explotaciones mineras auríferas de época romana, como las definidas en los lugares de La Collada, Zardaín, Navelgas Sur, Navelgas norte, ermita de Andamies, Bustiello de Paredes, Agüera, Llongrey, Carcabonas de Merás, Trevías, el Rosico de Trevías, playa de Cadavedo, río Bárcena y los Fornones. Precisamente en la zona del enclave de la capilla de Santiago donde apareció la estela de Ovienes, se aprecian restos de una corta importante que bien pudiera ponerse en relación con los restos citados en Bustiello de Paredes.
Durante la etapa altomedieval dos monasterios asturianos, el de San Juan de Corias (Cangas del Narcea) y el de San Pelayo de Oviedo, ejercerán el control sobre amplias zonas del territorio valdesano. De sus respectivas colecciones diplomáticas conocemos la existencia de lugares tales como:
Mapas de lugares de Corias-Elida- y San Pelayo
Privilegio de Alfonso X del monasterio de Trevías
En el s.XIII tiene lugar un hecho transcendental en la historia del concejo. El 29 de mayo de 1270 Alfonso X otorga "a los homes de la tierra de Valdés" el instrumento fundacional de la puebla de Valdés, en el lugar de Luarca.

Organizado el territorio valdesano, "como comienza el agua de Barayo... e dende como parte con Tineo... e dende... como parte con Salas...e...como parte con Pravia... y por el agua de Reocabo como fiere en el mar", en torno a la antigua localidad pesquera, la villa de Luarca centraliza económica y administrativamente el Concejo de Valdés.
Luarca, bautizada por su encanto como la Villa Blanca de la Costa Verde, nació problablemente como refugio de pescadores, por lo que debe al mar su origen y parte de su sustento. Su vida está además marcada por el rio Negro, en palabras de Casimiro Cienfuegos, poeta de Luarca por autonomasia:
".. la parte en dos por gala y bizarría
Un rio con sus aguas transparentes
Que fluye sin cesar con armonía
Bajo los arcos de sus siete puentes."
De esta forma, el rio y el mar no sólo han cincelado el privilegiado paisaje, tambien han forjado, con el paso de los siglos, la profunda vocación marinera y ribereña que es parte indisoluble de la vida de la villa.
El puerto de Luarca era antaño una pequeña ria
abierta al mar, donde el río Negro rendía sus aguas al Cantabrico, sin
más defensas naturales que el banco de la Llera. Fue muchas veces
destruido por las olas y como consecuencia de esta inseguridad y de los
pavorosos naufragios de 1819 y 1828, que constaron más de cien vidas a
la marineria luarquesa.
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